Retribución en Sangre
A principios del presente 2026 asistimos a una lucha singular. Una de la que desconocía todo pero que llegó a mí desde dos fuentes diferentes. ¿Quién iba a pensar que Solomon Kane daría con sus huesos en Transilvania y acabaría batiéndose con el mismísimo Drácula? Aquel desigual duelo acabaría con el puritano teniendo la no vida de su rival en sus manos, apiadándose de él para saldar una deuda poco antes contraída. El señor de los vampiros le había salvado del ataque de una jauría de lobos y le llevó hasta su morada, donde el errante podría descansar. Por desgracia para ambos, aquel encuentro que empezó siendo amistoso y acabó siendo un duelo a muerte quedó inconcluso. Por suerte para nosotros, habría un desenlace para ese cruce. Fue a finales de octubre de 1977 (o enero de 1978, dependiendo de la fuente consultada, siendo esta segunda la correcta a menos que me equivoque), más de cuatro años después del lanzamiento de Castle of the Undead, relato contenido en el número tres del primer volumen de Dracula Lives! Asistamos juntos al prometido y épico final de este duelo entre dos de los máximos representantes del bien y el mal.
“Largo y furioso fue el duelo que trabaron estos dos espadachines de cuerpo enjuto, aunque uno de ellos no temiera la afilada hoja de acero de su oponente. Todo cambió cuando este arrojó con fuerza un puñado de plata acuñada, pues las monedas relucientes quemaron la carne del guerrero oscuro… ¡Como habrían hecho con todo muerto viviente! Pocos hombres se enfrentarían al señor oscuro, y aun menos tratarían de decapitarlo en lucha singular. Pero alguien lo intentó… La gran arma de guerra quedó inmóvil en el puño prieto de Kane, pues este recordó. Una vida por otra, pensó Solomon Kane. ¡Aunque su oponente hubiera muerto siglos atrás! Así, el vengador puritano dejó vivir al señor de todos los vampiros, aquel antiguo príncipe conocido en la no muerte como Drácula. Ahora, muchos meses después, Kane se recrea obsesivamente en aquella fatídica noche y su culpa se ha transformado en un infierno en vida. Pues, incluso en el curso de sus vagabundeos, este “as de espadas del demonio” ha oído hablar de los sangrientos crímenes de Drácula. Todas las vidas inocentes, todas las almas inmortales reclamadas por el conde no muerto pesan ahora sobre la conciencia de Kane. Para purgar su propia culpa, y tal vez por alguna razón que él mismo no comprende, el espadachín ha regresado a la Transilvania de Drácula para una… retribución en sangre.”
Estas palabras auguraban el regreso del puritano a Transilvania, corroído por los remordimientos. Al mismo tiempo, los lectores asistíamos a un flashback que nos recordaba el punto álgido del combate ocurrido en el castillo Drácula, en el que el orgulloso noble fue vencido dos veces, tanto en en intercambio físico como en la cuestión moral. Esto, sin embargo, sirvió para que el guionista Don Glut plantease una secuela que sería definitiva. Una historia que acompañaba a Beyond the Black River, adaptación de un relato del mismo título escrito por Robert E. Howard y que corrió a cargo de Roy Thomas, mismo guionista de Castle of the Undead. Caprichos del destino. O puede que fuesen caprichos editoriales. Da igual.
Glut no era precisamente alguien ajeno a las adaptaciones de personajes famosos. Su sueño de ser realizador le acompañó durante sus primeros años de escritor amateur, en los que realizó un total de cuarenta y una películas sobre dinosaurios o adaptaciones no autorizadas de personajes como Superman, The Spirit o Spider-Man. Trabajó mucho como guionista, sobre todo en televisión, con series orientadas al público infantil. También fue responsable de haber creado algunos de los personajes y parte de la historia de fondo de la línea de juguetes Masters of the Universe, que sirvió de base para las futuras adaptaciones de la franquicia.
Siendo amigo de George Lucas y compañero suyo en la Universidad del Sur de California, el creador del universo Star Wars se acercó a él para que escribiera la novelización de Una Nueva Esperanza, pero Glut lo rechazó debido al escaso pago que recibiría y a los nulos créditos que tendría en la portada. Glut se resarciría con la novelización de El Imperio Contraataca (1980), que ha sido solo uno de sus más de sesenta libros publicados. A sus 82 años, Donald Frank Glut puede presumir de haber hecho casi de todo. Desde cine exploitation hasta cómics de todo tipo, con personajes tan populares como Capitán América o Thor hasta queridos héroes pulp como Kull, Tarzán o el propio Solomon Kane, cuyas historias en The Savage Sword of Conan tuvieron siempre su rúbrica.
En la parte gráfica de este cómic de doce intensas páginas destaca el nombre de David T. Wenzel, cuya carrera como dibujante inició en una agencia de publicidad y en la industria del cómic, en la que trabajó en títulos de Marvel Comics como durante la segunda mitad de la década de los setenta. A partir de entonces, Wenzel comenzó a realizar adaptaciones de relatos al público infantil, siendo su versión de El Hobbit de J. R. R. Tolkien su trabajo más conocido.
Hay que acreditar y hacer justicia a un segundo dibujante cuando hablamos de Retribution in Blood, y ese no es otro que Marilitz, quien solía ser acreditado también con el nombre de Don Marilitz, dibujante y entintador que es conocido sobre todo por la labor que realizó durante los años setenta, precisamente en la etapa de Solomon Kane en Marvel Comics. Es decir, en The Savage Sword of Conan.
Hechas las debidas acreditaciones y menciones, acompañemos al puritano en su regreso a Transilvania. Antes de cabalgar hasta el castillo de Drácula, el hombre de fe necesitaba preparar su alma en un templo del Señor, dirigiéndose a un pequeño poblado en el que solo encontró llantos histéricos. Una iglesia abarrotada de gente parecía ser el foco principal de tal algarabía. Llevado por la curiosidad, el enjuto espadachín entró en la iglesia, sin ser consciente de que iba a ser testigo de una blasfemia para él. Pues en el púlpito no había ningún sacerdote, sino una joven desesperada y quebrada.
Amansando sus malos pensamientos, Kane se acercó a la mujer cuando la muchedumbre empezó a abandonar el lugar. Quería saber el motivo de tan inusual estampa. Morgit, pues ese era el nombre de la improvisada oficiante, estaba rota de dolor por una buena razón. Estaba velando el cuerpo de su madre, recientemente fallecida tras un mes de pesadilla. Todo comenzó con la desaparición de Julka, su hermana, que salió de la su alcoba para caminar hasta el castillo Drácula acompañada de una figura envuelta en una capa. Su padre, el pastor de aquella congregación, montó en cólera ante el atrevimiento del vampiro, cuya arrogancia había superado cualquier límite desde hacía unos meses sin que nadie supiese el motivo exacto. Acompañado de su cruz de madera con joyas engastadas, no dudó en adentrarse en la niebla, sabedor de que quizá no regresaría jamás. Finalmente, la desgracia alcanzó a su madre cuando vio la transformación de Drácula, de simple murciélago a impío depredador humano, incapaz de atravesar la barrera de ajos y cruces de brea que la protegían tanto a ella como a Morgit.
Una familia entera mermada por la codicia de sangre del malvado señor de la noche. Un horror que apuñaló el corazón atormentado de Kane, que fue testigo de la llegada de la noche en los Cárpatos. Era el momento indicado para hacer justicia. Aun sabiendo que era la noche la que daba poder a su enemigo, nada temía Solomon. Venía preparado para aquella eventualidad, armado con una espada sin igual, hecha de afilada madera. El corazón de Drácula sucumbiría ante sus estocadas.
Sabedora de que era la siguiente víctima del conde, Morgit insistió en acompañar al reciñen llegado para disfrutar de su protección y obtener respuestas. En su interior, la intuición le dictaba que el destino de su familia había sido peor de lo que quería imaginar. Prestó su carro a Kane, poniéndose ambos en marcha hacia aquel bastión de iniquidad y siendo observados en la lejanía por un grupo de salteadores de caminos que pretendían saquear aquella enorme edificación de la que tan terribles historias se contaban. Para ellos no eran más que simples cuentos. Mejor sería que nunca descubriesen la verdad.
Para Morgir, la terrible realidad se presentó en forma de horrendo espantapájaros esquelético y empalado ante la entrada del castillo. Aquel desgraciado despojo llevaba el ropaje del párroco, además de su cruz de madera, que sería tomada por Kane para que su acompañante la usase como arma en caso de necesidad. El puritano escaló la pared frontal para abrir el portón desde el otro lado, siendo recibido finalmente por su antiguo anfitrión, quien no había olvidado su primer encuentro. Al mismo tiempo, Morgit era asaltada por su hermana Julka, convertida en chupasangre y esposa por Drácula.
Solomon Kane fue directo al grano cuando fue interrogado por Drácula. No volvería a cometer el error de tener piedad con un ser que no la merecía. Sin embargo, el vampiro estaba en su plenitud y esquivaba cada intentona de su adversario valiéndose de sus poderes para transformarse en niebla o en murciélago.
“Me pregunto, Solomon Kane… ¿Acaso ves algo de ti en mí, y por eso buscas mi destrucción con tanto afán? ¿Aparte de cierto parecido físico, no nos guiamos ambos por necesidades, por pasiones que escapan a nuestro control?”
Aquellas insinuaciones eran una afrenta para Kane, que sin embargo quedaría marcado por la duda en el futuro. De momento, no tenía tiempo para pensar, sino para hacer lo que mejor sabía: ser el brazo ejecutor de Dios. Por desgracia, Drácula parecía haberle dominado, pero lo arrojó a un lado cuando sintió que su nueva esposa estaba a punto de fallarle. Julka intentaba compartir sus nuevos dones con Morgir, siendo frenada en el último instante por el propio conde, que deseaba completar el proceso de transformación de Morgit personalmente.
La batalla se recrudecía, y ahora era Julka quien trataba de tentar inútilmente a Kane. El fuego purificador de una antorcha acabó con la desdicha de la muchacha, cuyo cuerpo quedó reducido a cenizas. Ante los restos del desdichado párroco, Drácula se burlaba del destino que Morgit estaba a punto de abrazar. Pero no contaba con la determinación del hombre que una vez le perdonó la vida, y que ahora portaba una espada de madera en llamas, lista para ensartar a su abominable objetivo. Como si de una lanza se tratase, Kane usó la espada, pero erró en su intento. Las llamas envolvieron el cuerpo empalado del párroco mientras Solomon usaba ajo para tratar de debilitar a Drácula. Los poderes del vampiro le hacían capaz de controlar los elementos, convocando un viento atroz que se llevase ese olor tan desagradable para los de su especie. Ese gesto sería su perdición.
La venganza puede llegar desde lugares insospechados. Por ejemplo, del cuerpo en llamas de un pastor muerto cuyos brazos rígidos y podridos adoptaron la forma de una cruz. Un signo divino que aterrorizó al tan proclive asesino, distrayéndole el tiempo justo para que Kane tomase la cruz de madera engastada de joyas y la hundiese en viejo y pérfido corazón.
Morgit abrazó a su salvador, siendo testigos ambos del supuesto fin de la amenaza que aquel monstruo representaba. Sus restos quedaron allí, como testigos de un relato centenario, plagado de muerte y maldad. Solomon Kane cometió un nuevo error al no asegurarse de esconder ese esqueleto, que aun portaba consigo la cruz enjoyada. Mismo objeto que sería encontrado por los asaltantes de caminos cuando nuestro héroe y Morgit abandonaron el lugar para siempre. Drácula era prácticamente inmortal y estaba a un solo gesto hecho por mano ajena de hacer un regreso triunfal...
Félix Ruiz H.
- Imagen de portada: Jim Starlin.
- Imágenes del texto: David Wenzel y Marilitz.
- Imagen final: Ruby Nebres.





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