La voz de El-Lil
Es inevitable preguntarse hasta dónde hubiese llegado el legado literario de Robert Ervin Howard si no hubiese decidido acabar con su vida con apenas treinta años. Alguien como yo, que ya ha sobrepasado con holgura esa edad y que dedica algunos ratos a intentar juntar letras como simple hobby, está impelido a sentir admiración y palidecer ante tal figura. Con todos sus claroscuros, incluso los relatos más prosaicos del texano suelen dejar un buen regusto entre los conocedores de su obra o quienes se acercan poco a poco a su obra. Ayer leí por primera vez uno que desconocía por completo, en el que se pueden observar trazas del voraz creador de historias que llegaría a ser. Civilizaciones desaparecidas, misteriosos cultos e intrépidos aventureros en un cóctel satisfactorio. Profano absoluto en casi todo, como suele ser habitual en mí, no termino de comprender por qué Los gusanos de la tierra y otros relatos de horror sobrenatural es considerada una rara avis dentro de la colec...