Presentando al Hermano Vudú


 

Corría el año 1973 cuando Marvel hizo debutar en el número 169 de Strange Tales a uno de los hijos más curiosos de Stan Lee y Roy Thomas. No fue un lustro cualquiera para el mundo del cómic en general y para la Casa de las Ideas en particular. Ya habían pasado un par de años desde que Lee desafiara abiertamente al infame Comics Code implantado desde 1954 con los míticos números 97-99 de The Amazing Spider-Man, que lograron que las autoridades relajasen un poco sus estrictas normas y su censura. Desde entonces, la denuncia social o los monstruos clásicos regresaron, siendo este punto el que nos interesa en estos momentos. Esos monstruos trajeron consigo una nueva ola de héroes con dotes sobrenaturales. Entre ellos estaba Jericho Drumm, el Señor de los Loas.

El citado lustro fue espectacular en la materia sobrenatural dentro del mundo superheróico. Man-Thing fue presentado en Savage Tales #1. Morbius, el Vampiro Viviente, apareció en The Amazing Spider-Man #101. Jack Russell – el chico maldito por el libro mágico conocido como el Darkhold – y su contraparte lobuna hicieron su primera aparición en febrero de 1972, en el segundo número de Marvel Spotlight. Tras la irrupción de Werewolf by Night, les tocó a Drácula (y a todo su séquito de secundarios de lujo, con Blade entre ellos, en The Tomb of Dracula, abril de 1972) y a Ghost Rider (agosto de 1972). The Monster of Frankenstein vio la luz en enero del año siguiente, mientras que La Momia tuvo su espacio en Supernatural Thrillers #5, en verano. También los zombis tuvieron su representación con Simon Garth, reintroducido en Tales of the Zombie. Aclaro lo de reintroducción, ya que su debut fue en 1953. Los lectores habituales tuvieron ración doble de estrenos en septiembre con Damon Hellstorm, el Hijo de Satán (en el #1 de la serie de Ghost Rider) y Hermano Vudú, que tuvo una andadura propia hasta mayo de 1974 en Strange Tales. Un periodo de lo más prolífico, del que hoy rescataremos al último de todos los personajes mencionados.

Hay que matizar que Hermano Vudú no es solo hijo del tándem Lee-Thomas, sino que hubo otros ilustres nombres que contribuyeron al resultado final. John Romita, John Romita Jr., Len Wein o Gene Colan tuvieron margen suficiente para dar ideas creativas sobre el hombre originario de Haití. De todas formas, sería Thomas quien diese mayor trasfondo al próximo debutante. Roy estaba muy interesado en el vudú, que había vivido una suerte de explosión cultural en territorio estadounidense durante los años sesenta y aquellos primeros años de los setenta. El editor había reunido una pequeña bibliografía sobre esa religión híbrida entre creencias animistas de origen africano y el cristianismo que los esclavos sureños aprendieron y adoptaron – con muchas particularidades – tras ser llevados a Norteamérica.

Había algo que Thomas tuvo claro desde el primer momento: no quería que fuese otro Luke Cage. Para diferenciarlo de ese héroe urbano, se le dio a Jericho Drumm una formación universitaria, siendo licenciado en Psicología. Un título que no tuvo un peso esencial en el desarrollo futuro del personaje, al menos en su primera andadura. Aunque sí que se convirtió en la excusa perfecta para mantenerlo alejado de su casa al inicio de su historia. La premisa consistía en que Jericho viajase de regreso a Haití para rebatir las creencias supersticiosas del vudú y luego descubriese que era afín a sus prácticas.

Len Wein fue quien escribió los primeros guiones para el Hermano Vudú tras haber leído libros como Voodoo in Haiti de Richard A. Loederer o Voodoo in New Orleans de Robert Tallant. A Wein le costó encontrar un punto de partida interesante entre aquella jerigonza que no entendía y que consideraba algo parecido a “magia para pobres”. Mano a mano, Thomas y Wein trabajaron en conceptos como los loa, la posesión o el viaje astral para dotar al nuevo superhéroe de características propias. A eso añadieron algo más llamativo como la inmunidad y el control del fuego, que serviría como arma fundamental en las futuras luchas contra las hordas de “zuvembis”, zombis que no podían ser nombrados como tal dentro de la serie. Pero la clave de todo el conjunto llegó cuando Wein leyó sobre la importancia de los hermanos gemelos en el vudú y se lo transmitió a su jefe. La respuesta a todos los dolores de cabeza en torno al núcleo narrativo de la cabecera se hizo evidente: habría dos Hermanos Vudú.


El primero de ellos sería Daniel Drumm, quien nunca se marchó de su hogar y ejerció como Maestro del Vudú hasta que el terrible Damballah – un espíritu viviente y el dios de las serpientes – le envenenó y acabó con su vida. Conocedor de las funestas noticias, su hermano Jericho regresaría a toda prisa y tendría tiempo de despedirse. Aunque no compartiese las convicciones de Daniel, Jericho prometería vengar su muerte. Debería recibir formación del antiguo mentor de Daniel, Papa Jambo, y someterse a un ritual muy especial. Las almas de los Drumm deberían convivir en un solo cuerpo. ¿El gemelo fallecido seguiría existiendo de alguna forma?

En realidad, lo que hizo Papa Jambo fue rescatar el espíritu de Daniel de entre los muertos e introducirlo en el cuerpo de Jericho. Un solo ser, con la fuerza y el poder de dos. Dependientes para estar en plenitud de facultades, pero independientes a la vez. Jericho era la morada de Daniel, pero podía controlar su espíritu y dirigirlo hacia cualquier otro ser para poseerlo y que le ayudase en situaciones peliagudas. Una vez cumplido su objetivo, el fallecido siempre regresaba a su anfitrión para mantenerse en ese plano de existencia.

Con el trascurrir de sus aventuras, el Hermano Vudú obtendría la capacidad de controlar a todas las cosas vivas con una suerte de hipnotismo místico. Ese control menguaba según crecía la inteligencia del ser a controlar, por lo que los efectos sobre los humanos eran más leves. Por si fuera poco, invocaba humo a voluntad, encubriendo sus movimientos y viendo a través de él. La entrada en escena del Hermano Vudú siempre venía precedida de la aparición súbita de una nube de humo, sumada al estruendo de unos misteriosos tambores. La confusión hacia estragos en todo aquel que viese y oyese tal combinación. Incluido el propio Damballah o héroes tan célebres como Spider-Man, el Doctor Extraño o La Cosa, con quienes el Hermano Vudú tuvo sendos crossovers.

La galería de villanos de alguien tan especial debía estar a la altura, y lo cierto es que no desentonaron en absoluto. Hace pocos días que escribí sobre Garra Negra, que servía a los intereses de su madre, una hechicera conocida como Mama Limbo. También es necesario nombrar en este punto al ya referido Damballah o al Barón Samedi. Como los lectores verán, todos ellos están relacionados con el folclore asociado al vudú. Pero, sin duda, los enemigos más comunes del héroe haitiano y afincado en Nueva Orleans son los dichosos zuvembis, término que procede de un relato de Robert E. Howard, que no es otro que Palomas del Infierno (Pidgeons of Hell). Deberían transcurrir otros dieciséis años para que se volviese a permitir el uso de la palabra zombi y Marvel retirase su particular forma de definir a estos no muertos u hombres vivos y poseídos. Cientos de ellos pululan por las primeras grapas del héroe, que fueron reunidas en un tomo recopilatorio por Panini durante el pasado 2025. Un tomo del que ya se han dado algunas pinceladas en este texto pero que será reseñado y resumido próximamente.

Félix Ruiz H.









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