Caso Manning: la bruja Sybil Warwick y la cinta del bosque de Brentford
Extracto del libro inacabado de Susan Manning sobre las brujas de la campiña inglesa. Capítulo dedicado a Sybil Warwick.
“Sybil Warwick siempre vivió en Brentford y siempre fue vieja. No hay constancia de su nacimiento, su juventud ni de su pasado en general. Vivía en una cabaña en el bosque y sostenía que era clarividente. Y, efectivamente, un par de veces había pronosticado sucesos que después habían tenido lugar…
Según Thomas Bloom, historiador de la época, el 18 de enero de 1812 Sybil Warwick tuvo una visión de la muerte. Soñó que Joey Coleman, el hijo del alcalde del pueblo, se ahogaba. Avisó al ilustre señor, pero éste hizo que la echaran de su casa, tratándola como a una loca. Ajeno a la advertencia de Sybil Warwick, el alcalde permitió a su hijo que patinara sobre el lago helado. Y sucedió lo inevitable.
El alcalde. Cegado por el dolor, en lugar de reconocer el poder de Warwick, acusó a la anciana de ser bruja. Fue a su cabaña con dos agentes, y la sometió a terribles torturas, para hacerle confesar que era cómplice del demonio. Pero ella no admitió nada y la enterraron viva, Llegada a ese punto, la historia se vuelve confusa.
Solo un agente regresó, con los cabellos completamente blancos y horror en los ojos. El hombre dijo que Sybil Warwick emergió de la tierra como por arte de magia. Después, extendió los largos brazos, convertidos en ramas, hacia los torturadores y mató a dos de ellos. Los cadáveres de las víctimas no se encontraron nunca. El agente que sobrevivió terminó sus días en un manicomio. Desde ese momento, el bosque comenzó a ser escenario de fenómenos inquietantes y temibles.
Hay testimonios de extrañas luces que bailan entre los árboles, de senderos de flores marchitas. Y además, el viento… Se dice que trae los gritos de los niños. Todos los muchachos a los que la bruja había quitado el alma. Sucesos horrorosos e inexplicables se sucedieron con el paso del tiempo… Pero la bruja solo reapareció dos veces.
En abril de 1899 un cazador se aventuró en el bosque, siguiendo a una presa. Cuando regresó, estaba conmocionado. Dijo que le había agredido una vieja suspendida en el aire que gritaba y que había intentado arrancarle el corazón. La policía archivó el caso hablando de delirio… Pero mientras, la leyenda de la bruja crecía cada vez más.
El 20 de junio de 1938, las hermanitas Ellen y Debra Leibnitz jugaban al escondite en los márgenes del bosque. Una de ellas se adentró entre los setos. Y, como no salía, la otra fue a buscarla. Desapareció también. Se organizaron muchos equipos de rescate. Encontraron a las niñas cuatro días después. Habían perdido el juicio. Una estaba muda. La otra no hacía más que balbucear una frase confusa: «La bruja… Se lleva las almas… Se lleva las almas...»
¿También eso eran delirios? ¿Fantasías? ¿O tal vez las pequeñas se habían adentrado demasiado en el bosque, invadiendo el territorio de la vieja hechicera? Es una historia terrorífica y fascinante. Estoy organizando un equipo de investigación con dos compañeros de universidad que viven en Brentford. Queremos entrar en las profundidades del bosque, hasta que descubramos algún rastro concreto de Sybil Warwick.”
Transcripción de la cinta de vídeo hallada en los bosques de Brentford. Indicios sobre lo ocurrido con Albert Crowe, Russell Dyxon y Susan Manning.
- A. C.: Aquí está el bosque de Brentford, escenario de misterios y leyendas. ¡Y aquí está nuestra bella Susan Manning!
- R. D.: ¡Albert, estamos trabajando!
- A. C.: ¡Vamos, Russell, ya lo cortaremos en el montaje! Comienza la expedición: nos aventuramos en el bosque… (Llegando a la cabaña alquilada días antes de iniciar la visita) Ey, ¿alguien puede relevarme? ¡Yo también quiero salir un poco en la película!
(Tras descansar, y transcurrido un lapso de tiempo indefinido, los tres investigadores se adentraron más en el bosque)
- A. C.: ¿Puedo ayudarte, damisela?
- S. M.: Gracias…
- R. D.: ¡Vamos, vosotros dos, no hay tiempo que perder!
- A. C.: ¡Russell, maneja la cámara y no fastidies!
- S. M.: ¡Mirad! Un sendero de flores marchitas… ¡Como en la leyenda de la bruja!
- A. C.: Mmm… Podría tratarse de un parásito subterráneo, que ataque las raíces en un recorrido determinado. Tomemos una muestra para analizarla.
- S. M. (tras un ruido indefinido): Ey, ¿lo habéis oído?
- A. C.: ¿El qué?
- R. D.: Yo no oigo nada.
- S. M.: Exactamente. Ningún ruido. Ni el cri-cri de un grillo ni el canto de un gorrión. Como si algo hubiese hecho enmudecer a la naturaleza.
- A.C.: El Sol se está poniendo. Dentro de poco habrá oscurecido.
- R. D.: Toma tú la videocámara, Susan. Albert y yo hemos de montar la tienda.
- S. M. (tras un corte): Aquí están los dos intrépidos investigadores, en una de las empresas más difíciles de su vida… ¿Conseguirán nuestros héroes montar la tienda?
- A. C. (tras la caída de la tienda): ¡Nooo! ¡Estúpido, debiste poner otra piqueta para sujetarlo!
- R. DC.: ¡Ey, tranquilito! No hace falta ofender.
(Sonidos de asombro y pisadas. La cámara estaba en esos momentos en manos de Susan.)
- S. M.: ¡Mirad allí! ¡Hay unas luces!
- R. D.: ¡Vamos a ver!
(Plano errático. Solo se ven las piernas de Crowe y Dyxon.)
- A. C.: ¡Han desaparecido!
- R. D.: Pero, si estaban aquí… ¡Por Dios, no lo hemos soñado!
- A. C.: Quizá fueran fuegos fatuos…
- R. D.: Los fuegos fatuos aparecen cerca de los cementerios, Albert. Deberías saberlo… ¿Hay algún viejo cementerio por aquí?
- A. C.: No… Alguien ha encendido luces y luego las ha apagado. ¿Pero por qué?
- R. D.: ¿Y si era un truco para alejarnos de las mochilas?
- S. M.: Que viento más helado. Tengo miedo…
- A. C.: Estate tranquila, Susan. ¡Yo te protegeré!
- R. D.: ¿Ya has terminado de hacer el Casanova?
- A. C.: ¿Y tú, has terminado de tocarme los huevos? ¡Además, a Susan no le gustas, se nota a la legua!
- R. D.: ¿Qué quieres decir?
- A. C.: Nada…
- R. D.: ¡Eh, no, ahora me lo dices! ¿Qué querías decir?
- S. M.: ¡Basta, Russell!
- R. D.: ¡Responde!
- A. C.: ¡Quítame las manos de encima!
- S. M.: ¡Quietos!
- A. C.: ¡No te metas, Susan!
- S. M.: ¡Ah!
- R. D.: ¡Has hecho que se caiga, imbécil!
(La filmación se cortó en ese punto)
Félix Ruiz H.

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