Morgana
Un nuevo año acaba de empezar y, con él, los típicos propósitos o deseos. Topicazos aparte, fijarse alguna meta puede ser muy positivo. Una de las apuntadas por este asistente es continuar con esta humilde y escueta labor. Autoencomendada o no – eso es algo que quizá algún día pueda responder –, esta actividad me da mucho más de lo que me quita. Por ejemplo, la posibilidad de compartir con los lectores y los muchos bots que entran en algunos de los post mis lecturas e inquietudes. Entre ellas destaca la de explorar la ambigua y larga trayectoria de Dylan Dog, el ex agente de Scotland Yard que se dedica a investigar pesadillas. Especialmente, las que le acompañan en su día a día y martillean su psique. Aquí destaca la búsqueda incesante de la mujer de sus sueños, a la que conoció por primera vez – o eso creía él – en octubre de 1988.
No es sencillo explicar qué es lo que me atrae con tanta fuerza hacia el personaje creado por Tiziano Sclavi. Un tipo enamoradizo, conquistador empedernido, que lucha a diario por continuar siendo abstemio, que tiene un trabajo ridículo y una fobia inexplicable hacia todo lo que suene a moderno. Debo confesar que nos parecemos en este último punto. Sobre todo, en lo referente al uso de las redes sociales y la implementación de las inteligencias artificiales. Soy bastante beligerante y pesimista al respecto. Pero eso quedará para otra ocasión. Lo importante es que, de una forma u otra, regreso a las historias de Dog.
Camino a los quinientos tomos de su serie regular y con varias series y spin-offs a sus espaldas, la salud del personaje parece seguir en óptimas condiciones pese a la gran cantidad de vicisitudes que le ha tocado vivir merced al importante número de guionistas que han escrito algo sobre él. Hace poco descubrí que incluso hay ensayos sobre su figura y su influencia en la cultura italiana. Hablo de Mi chiamo Dog. Dylan Dog, de Claudio Paglieri, donde se arrojan ciertos datos de lo más esclarecedores. Por ejemplo, a fecha de 1998 – año de publicación del libro en cuestión, cuando la andadura editorial del detective era de solo una década –, el detective ya se había acostado con ciento trece mujeres, había sido herido más de una cincuentena, había tratado de acabar su maqueta de galeón en otras ochenta y cinco ocasiones y había muerto – o casi – cuatro veces. Podéis haceros una idea de la envergadura que habrán adquirido esos números casi tres décadas después. Es una verdadera pena que las licencias de Bonelli no tuvieran mucha suerte en España y que llevemos años faltos de nuevos contenidos en español. Ya lo he expresado más de una vez. Espero no ser pesado, pero Dylan Dog es una de las figuras clave del Gabinete Oculto.
Por suerte, hay material muy interesante que fue traducido en diferentes periodos y que abarca hasta algo más allá del numero doscientos, por lo que los interesados pueden hacerse una composición más o menos amplia de la biografía del personaje. Un recorrido vital que a veces resulta confuso y en los que hay saltos de continuidad inevitables, dada su longevidad. Pero, a grandes rasgos, los distintos artistas que han pasado o continúan trabajando en la serie respetan las bases sobre las que todo ese edificio creció. Entre ellas, algunos de los secundarios que Sclavi insertó y que siguen haciendo apariciones de vez en cuando, recordándonos que el tronco principal de la serie reside en los conflictos internos del detective y su drama familiar. Uno que incluye al ínclito Doctor Xabaras o a Morgana, a quien percibía como su gran amor y que, como algunos lectores del blog ya sabrán, resultó ser mucho más importante de lo que el propio Dylan pensaba. Ya revelé muchos detalles al respecto cuando escribí sobre el número cien o sobre Historia de Nadie, con la que se comparte cierto vínculo narrativo. Hoy retrocederemos bastante más en el tiempo, hasta el número veinticinco. El episodio en que Morgana hizo su primera y espectacular aparición.
Con guion del propio Sclavi y dibujo del mítico Ángelo Stano, Morgana fue un ejercicio valiente en el que se jugó con el tiempo, la realidad y los lectores, a los que se hizo partícipes en una trama en la que rebosaba el metacómic. Aunque, siendo estrictos, el adjetivo que definiría con más precisión a este número es onírico. Estamos ante un tomo libre de cualquier tipo de restricción creativa, en el que Sclavi se abandonó a deconstrucción y la descomposición sin la preocupación de unir las piezas a posteriori. Cosa que, por cierto, tanto él como otros guionistas han tratado de hacer.
Stano, por su parte, estuvo a un nivel sobresaliente. Sobre todo, en las escenas que incluían a los zombis pululando por Londres o por el tren que llevaba a Morgana hasta la ciudad. Pero especialmente en el clímax, cuando un Xabaras pesadillesco y demoníaco revelaba su plan para volver de entre los muertos merced a la sangre de Dylan y de la misteriosa mujer.
¿Pero qué nos quiso decir Sclavi con Morgana? Es complicado hacerlo sin entrar demasiado en el terreno de los spoilers detallados, cosa que queremos evitar en esta ocasión, al contrario de lo que ocurrió con los números antes citados. Sobre todo, con Historia de Nadie. En este último, Sclavi puso en boca de Nadie una frase que evoca una de las capacidades más importantes del ser humano: el poder de la imaginación.
“¡Todos somos iguales. Nosotros, los Don Nadie! ¡Es increíble que seamos capaces de inventar universos enteros!”
En Morgana, un poco anterior en el tiempo, se escondía un mensaje que quizá resulte algo más simple, pero que es igual de importante: el amor puede superar cualquier barrera, incluida la muerte. Para llegar a ese punto, la trama fue sazonada con un divertido juego del gato y el ratón entre la “desmemoriada” muchacha y el detective, que debían superar ciertas barreras espaciales y temporales antes de poder unir sus caminos.
La mujer, verdadera protagonista del tomo, fue presentada como alguien despistada y soñadora, en el sentido más certero de la palabra. Para un profano en estas lides o para alguien que lea sin la debida atención puede resultar especialmente difícil distinguir los momentos reales de la historia y separarlos de los tramos oníricos y surrealistas. En contraposición, nos topábamos con un Dylan abrumado por este confuso torbellino de imágenes, de las que alguna forma era partícipe, sin saber muy bien cómo o por qué.
Toda la faceta apocalíptica de los acontecimientos planteados son refrendados por la presencia de uno de los personajes secundarios más importantes de la serie, que no es otra que la anciana médium Madame Trelkovski. La mujer, alertada por la cercanía de Morgana, contaba con una ayuda de lo más particular: un sensitivo que había escrito un cómic en el que adelantaba todo lo que estaba por suceder, efectos catastróficos incluidos.
He aquí otro de los aspectos más llamativos de este número. Todas las peculiaridades que estamos exponiendo forman parte de un cómic que está insertado dentro de la trama. Una matrioska de la que los propios personajes – desde el sensitivo y creador del cómic hasta el propio Dylan – eran conscientes de ser parte. Los “desmemoriados” a los que se referenciaba en distintos momentos de Morgana tomaban drogas para olvidar su presencia en un mundo que estaba colapsando o que, quizá, solo se materializaba cuando algún lector se aventuraba a abrir sus páginas. Puede que incluso nosotros, quienes formamos parte de “la realidad” y leemos cómics, hagamos lo mismo cuando nos sentamos a leer. Tratar de olvidar nuestra cotidianeidad por unos instantes. Explorar otros mundos. Hacer viajar nuestras mentes hacia otros lugares. Drogarnos, en cierta forma. ¿Había cierta crítica social en la mente de Sclavi cuando tejió aquella madeja? Solo él podría responder a eso.
Sin duda, nos encontramos ante uno de los cómics más divisivos de la primera etapa de la serie. Abierto a interpretaciones y debate, lo único en lo que la mayoría de sus seguidores está de acuerdo es en su importancia en el futuro – y el pasado, como no podía ser de otra forma – de los personajes. Mencioné cierto hilo narrativo entre Morgana, Historia de Nadie y La historia de Dylan Dog. Pero he dejado fuera, de forma injusta, a El amanecer de los muertos vivientes, primer tomo de la serie que está unido a estos de forma intrínseca. Por no hablar de todos aquellos que llegaron después y que todavía no he tenido el placer de conocer y leer.
Espero que la vida me de la oportunidad de poder tener todas las piezas de este enorme puzzle y poder ordenarlos de forma correcta. Si eso llega a suceder, que no os quepa duda que os lo haré saber, de una forma u otra. Mientras tanto, seguiré explorando este y otros universos.
Félix Ruiz H.




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